Rhythm and Blues británico

Al mismo tiempo que los Beatles comenzaban en el Reino Unido la fabricación de un Beat doméstico, otra fracción de jóvenes británicos, sobre todo londinenses, prefirió el sólido Blues de Chicago como soporte para su música. Con los oídos puestos en Muddy Waters, Jimmy Reed, Bo Diddley o Chuck Berry, decenas de nuevas bandas combinaron lo aprendido de los maestros con su actitud más agresiva. En los primeros años 60 las Arts Schools era el refugio de estudiantes con vagas inclinaciones artísticas, de chicos problemáticos con dificultades para encajar en profesiones convencionales, de tipos aquejados por un virus de rebeldía. Allí descubrieron la música negra. Los alumnos de las escuelas de arte repudiaban a los músicos que dominaban las listas de éxitos y preferían el Jazz o el Blues. Esos adolescentes simpatizaban con la ética existencialista de los negros norteamericanos, percibida a través de la literatura Beat. Como ellos, los jóvenes británicos se sentían outsiders frente a la sociedad que los cobijaba: se organizaban tribalmente, manifestaban con vestimentas y peinados inusuales y aceptaban las acusaciones adultas de ser irresponsables, amorales y desinteresados por el futuro, ya que la sombra de la bomba atómica los había acostumbrado a una existencia en donde sólo importaba el presente. Así, se enfrentaban a siglos de valores puritanos apostando por el placer inmediato. La música afroamericana era una fuente de inspiración. Sus protagonistas habían pasado por los mismos dilemas en circunstancias mucho más penosas y resolvieron su marginación con el desarrollo de un estilo de vida propio. Gente auténtica, en contraposición a todos los ídolos blandos. Cantaban las cuestiones que realmente interesaban: sexo, identidad, desafío. Irresistible para esos jóvenes. Lo del Blues era una religión. A diferencia del Jazz, rodeado de un aire elitista y añejo, el Blues proporcionaba repertorio y actitud a muchachos que apenas sabían tocar. Para estos británicos el Rythm’n Blues era un territorio ilimitado en donde cabía todo: desde el Blues rural, gritos lanzados sobre una guitarra de palo, hasta las sofisticadas producciones de los Coasters. Para los aspirantes a bluseros anglosajones existía una disyuntiva: dedicarse al estudio de sus inspiradores, buscando las formas más primitivas y genuinas, o dejarse arrastrar por el placer de hacer música para un público joven. Alexis Korner y John Mayall fueron los que levantaron la bandera del purismo, mientras que los Rolling Stones se encaminaron hacia el mercado abierto por los Beatles. Según el modo de ver del sector tradicionalista, los grupos de Rythm’n Blues no hicieron más que diluir los sonidos negros con concesiones al gusto del momento, vendiendo una pálida copia mientras que los intérpretes originales se morían de hambre. Esas acusaciones tenían una base cierta, coincidente con la eterna historia de la explotación del arte negro por manipuladores blancos. La otra cara de la moneda fue que muchos de esos bluseros hubieran muerto realmente en la miseria de no ser por la publicidad generada por sus alumnos melenudos. Aparte del negrismo militante de Eric Burdon, fueron muchos los discípulos que reconocieron públicamente su deuda con las fuentes del ghetto. En su momento pagaron el favor llevando a esos artistas originales en sus giras o prestando sus nombres a discos concebidos para presentarlos ante un público amplio, caso de B.B. King, Muddy Waters y otros. Toda una paradoja: los británicos lograron que figuras de color ignoradas por la América blanca y en trance de olvido entre su propia comunidad, tuvieran una nueva carrera. El Rythm’n Blues fue el campo de entrenamiento de futuras estrellas de la década del 70: Elton John tocaba los teclados en Bluesology; Rod Stewart cantó y tocó la armónica en numerosos grupos de escasa fortuna mientras que David Bowie encabezó varios conjuntos cuando todavía se llamaba David Jones. La grandeza del Rythm’n Blues británico de mediados de los 60 radicó en la reconversión del Blues de Chicago en Rock metálico y desenfrenado. El trampolín para que numerosos talentos como Ray Davies, Steve Winwood o Van Morrison, pudieran generar su propio estilo. Este movimiento, a pesar de no tener estrictamente mucho de nuevo, puede considerarse como todo un hallazgo. De hecho, medio mundo creyó por esa época que los británicos habían inventado aquella música.
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Programa de radio que se emite en FM Inolvidable
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