Los Años Hippies

El año 1967 es el gran salto adelante del Rock. Si la música juvenil anterior ofrecía intuiciones, sugerencias de rebelión, a partir de entonces se convirtió en catalizador y propagandista de una alternativa vital. Las letras de las canciones servían para esparcir visiones utópicas, plantear dilemas morales, discutir actitudes políticas. El nuevo Rock era el equivalente occidental a los graffittis que aparecían en las paredes chinas durante la Revolución Cultural. Ya no era aceptable cantar sobre el placer del primer beso a la luz de la luna. Había que reflejar las atractivas posibilidades de la revolución sexual. En Londres, John Lennon se declaró reformista ante la izquierda violenta en “Revolution”, Mick Jagger se manifestaba ambiguamente sobre la agitación callejera en “Street fightin man”. A ambos lados del Atlántico los últimos años 60 fueron la era de la gran negación: la contestación afecta a todos los pilares de la sociedad y las guitarras eléctricas proporcionaban puntos de cita, himnos y consignas. Esta simbiosis entre música y rebelión se hizo palpable en San Francisco. Allí coincidieron varios vectores de fuerza entre 1965 y 1967. Es un sitio agradable: no llega al millón de habitantes, tiene tradición de tolerancia y acepta en su seno una mezcolanza de razas, lenguas y costumbres. Además recibe los rayos de dos focos de inconformismo: la Universidad de Berkeley, nido de izquierdismo académico, y North Beach, refugio de beatniks. El barrio de Haight-Ashbury se empezó a poblar de jóvenes que aprovechaban los alquileres bajos. Se esbozó una comunidad de universitarios, vagabundos, artistas y vividores que recibían alborozados las sucesivas entregas de músicos en pletórica expansión, como los Beatles y Bob Dylan. A este impulso exterior cabe añadir las explosiones mentales creadas por el LSD. La combinación de estos elementos hizo que esa gente salga al exterior. Crecieron los cabellos y se saquearon los baúles de viejas ropas y brotó la música: unos promotores improvisados que se bautizaron como The Family Dog, organizaban conciertos de ambiente relajado. Poco después Bill Graham, un hombre del teatro, creó sus Dance Concerts en el Fillmore Auditorium. En 1966 empezó a funcionar The Psycodelic Shop, donde se vendían libros, música y accesorios para el consumo de drogas. La Psicodelia comenzó como un juego y se convirtió en un fenómeno que trascendió lo puramente musical. Era la “expansión de la mente”, y el Pop intentaba captar la alteración sensorial producida por el LSD. San Francisco se erigió en el centro de aquella Psidelia musical, que necesitaba álbumes para expresarse. De allí se extendió a todas partes. Los grupos que se desarrollaron en tan extraordinario ambiente, tuvieron algunos puntos en común. Muchos eran encargados del Fol., convertidos por los invasores británicos, tenían cultura y curiosidad intelectual y se sentían parte de una secta feliz y de sus amplificadores salían temas largos e indulgentes. Una mezcla de influencias a todo volumen. De forma instintiva formularon la banda sonora para una de las mayores convulsiones sociales del Siglo cuando en 1966 aparecieron las discográficas de Los Angeles con ganas de hacer fichajes. Todavía no había madurado el sonido de San Francisco. Las filas se nutrieron con personajes escapados de Texas, Nueva York o Chicago: son luminarias como Janis Joplin, Mike Bloomfield, Steve Miller, que traían su gusto por el Soul y el Blues urbano. Ese rincón del Pacífico tenía imán. Allí se presentaban las almas inquietas de todo el país, atraídas por los rumores de que estaba ocurriendo algo maravilloso. En 1967 ese murmullo semi clandestino saltó a las primeras páginas: los grandes medios recogían boquiabiertos los esplendores del floreciente hippismo que se consolidó con el festival de Monterey. Mientras que el árbol musical se desarrollaba saludable y frondoso, el Haight-Ashbury se degradaba ante la saturación de almas perdidas en busca del amor libre, drogas abundantes y música gratuita. Frank Zappa ironizó mortalmente sobre ese éxodo ingenuo y en octubre de 1967, los habitantes originales enterraron simbólicamente al Movimiento Hippie. Quedaron las secuelas y los experimentos de San Francisco. El “verano del amor” dejó paso a las drogas duras, el hambre, las enfermedades sexuales y los malos rollos. En 1968 las masas juveniles sufrieron violentas derrotas en París, Praga, Chicago y otros lugares candentes. Ese nuevo clima también repercutió en el Rock de los años siguientes, más agrio y torturado que el amamantado entre las viejas paredes de Haight-Ashbury.

Janis Joplin – Piece of my Heart

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Jimi Hendrix – Voodoo Chile Atlanta ’69

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The Doors – People are Strange

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About demasiadasnoches

Programa de radio que se emite en FM Inolvidable
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